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Luis Landero y “Coloquio de invierno”, Antonio Penadés, Carlos Micó Tonda y Luz Adiela Jaramillo María Vicenta Porcar
Una novela, “Coloquio de invierno”, los mármoles del Partenón, un viaje a Zimbaue y un poemario, “Gravedad cero”, en nuestro tiempo de cultura
En el programa de hoy: Carlos Micó Tonda, en su espacio, «Con los pies en la Tierra», nos ha hablado de sus últimos viajes a África, rodaje de documentales o presentaciones de sus libros; Antonio Penadés, en su espacio, «Grecia nos habla», trata el tema: «La restitución a Atenas de los mármoles de la Acrópolis»; Luis Landero, Premio Nacional de Narrativa y Premio Nacional de las Letras Españolas, nos ha presentado su última novela, «Coloquio de invierno», un homenaje a las novelas dialogadas clásicas, clásicas; Luz Adiela Jaramillo, poeta e ingeniera colombiana, ha sido la invitada en el espacio, Palabra de poeta.

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Con los pies en la Tierra de Carlos Micó Tonda
Carlos Micó Tonda y sus apasionantes viajes a África: Las antiguas ciudades de granito de Zimbabue, el mito de las ruinas del rey Salomón y la figura de la reina de Saba: Hoy en Pegando la Hebra hemos recuperado una voz muy querida, una mirada curiosa y profundamente humana que nos invita, siempre, a entender mejor el mundo. Tras un tiempo viajando por África, ha vuelto a su casa sonora nuestro compañero Carlos Micó Tonda, con su espacio Con los pies en la Tierra. Y lo ha hecho, como siempre, cargado de historias, conocimiento y esa pasión contagiosa por la naturaleza y la historia que le acompaña desde niño.

Carlos es guía naturalista, antropológico y arqueológico en África, arqueólogo subacuático, guionista y realizador de documentales, divulgador, escritor y articulista. Su trayectoria es tan diversa como fascinante: desde sus más de mil inmersiones cuidando tiburones en el Oceanogràfic, hasta su trabajo guiando viajes por países como Uganda, Namibia o Camerún, siempre con una mirada atenta al ser humano y a su relación con el entorno.

Formado en Humanidades —Historia, Arqueología y Antropología—, Carlos ha colaborado con medios como Historia National Geographic, El País o la revista de la Sociedad Geográfica Española, y ha llevado su vocación divulgadora a universidades, museos, colegios y foros especializados. Como escritor, ha plasmado sus experiencias y reflexiones en libros como El País de la Grulla o La piel de las cebras, donde combina aventura, conocimiento y sensibilidad. Mis exploradores favoritos, coescrito junto a otros aventureros y exploradores del planeta: Javier Cacho, Miguel Gutiérrez Garitano y Manuel José Carpintero, con cubierta del gran Paco Roca e ilustraciones de Cayetana Carpintero de Hita.

En el espacio de hoy Carlos Micó Tonda ha trazado un recorrido sugerente por la cultura de las antiguas ciudades de granito de Zimbabue, poniendo el foco en su sofisticación arquitectónica y en el profundo simbolismo que encierran sus construcciones. Explica cómo estos enclaves, levantados con bloques de piedra perfectamente ensamblados sin argamasa, reflejan no solo una notable pericia técnica, sino también una compleja organización social y política en el África precolonial. El relato se ha adentrado en el mito de las ruinas del rey Salomón, una interpretación legendaria que durante siglos trató de vincular estos vestigios africanos con narrativas bíblicas y con la figura de la reina de Saba. Este mito no solo alimentó la imaginación europea, sino que también sirvió para negar el origen africano de estas construcciones, atribuyéndolas erróneamente a civilizaciones externas. También ha analizado el papel de los exploradores del siglo XIX, quienes, impulsados por intereses científicos, económicos y coloniales, contribuyeron tanto al redescubrimiento de estos lugares, como a la difusión de interpretaciones sesgadas. Debemos redescubrir estos sitios arqueológicos desde una perspectiva histórica rigurosa, reconociendo su auténtico valor como expresión de las culturas africanas que las crearon. Carlos también nos ha hablado de sus próximos proyectos, siempre múltiples, como corresponde a su alma de explorador y aventuro.

Siempre es una alegría ver su pasión y entusiasmo por la . Es un deleite escuchar sus narraciones. Hasta pronto, compañero.

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Grecia nos habla de Antonio Penadés
Antonio Penadés y su espacio Grecia nos habla con: “La restitución a Atenas de los mármoles de la Acrópolis”. La historia de este saqueo del embajador británico Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin:

Antonio Penadés, escritor, de narrativa, ensayo, artículos y crónica de viajes, historiador, periodista, abogado, presidente de Acción Cívica (contra la corrupción política y en defensa de las Humanidades), guía cultural en viajes organizados de carácter histórico y arqueológico por Grecia y Turquía, director y profesor del Curso de Narrativa del Museo L’Iber, Dirige en PLH el espacio “Grecia nos habla”, en el que desgrana lo más destacado de esta maravillosa cultura, germen de todas las artes. El tema del capítulo de hoy ha sido: la restitución de los frisos del Partenón.
“La restitución a Atenas de los mármoles de la Acrópolis”
En 1801, el embajador británico ante el Imperio otomano ordenó desmembrar el Partenón de Atenas y el Erecteion, dos templos inigualables. Lo hizo sin permiso, con utilización de continuos sobornos y con el único fin de adornar su mansión en Escocia. Ese hombre se llamaba Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin. Ante la reivindicación griega para que esos mármoles regresen a Atenas, el Museo Británico alega de forma recurrente que su aceptación implicaría la llegada de una avalancha de reclamaciones similares. Es una tesis absurda ya que no existen otros casos comparables. Los argumentos a favor de la restitución no guardan relación con las peticiones de descolonización de los museos ni nada de eso. Se centra estrictamente en la ilegalidad del proceso con el que se llevó a cabo la salida de las esculturas de Atenas.

Precisamente, ahí está la clave de todo este asunto: en el título jurídico. En otros casos similares sí pudo haber una compra, una donación, una permuta o incluso una apropiación en un momento en el que un territorio formaba parte de otro. Pero aquí no hay nada de eso. Lo único que hubo fue un engaño, acompañado de sobornos, de un lord británico, un hombre ambicioso que actuó en un estado extranjero valiéndose de un contexto internacional favorable y que aprovechó su cargo de embajador británico para sus propósitos personales.

Hay además otro punto crucial. Aquí no estamos hablando del destino final de un bien mueble. No se trata de un cuadro de Velázquez o de una escultura de Rodin, que podrían estar en un museo o en otro sin que la obra en sí se vea perjudicada en su esencia. El asunto radica en el hecho de que el Partenón es un templo, una sola obra arte; un edificio que fue dotado de una colección escultórica que da sentido al conjunto. Si no lo contemplamos como un todo, jamás entenderemos su mensaje, su propia concepción como creación artística. Cuando vemos sus frisos fuera de su ubicación, no apreciamos el hecho de que esos bajorrelieves representan, por primera vez en la historia, a hombres y mujeres corrientes, y que fue un gran atrevimiento mostrar a los habitantes de Atenas en un lugar sagrado. Por ello están ahí, en la gran procesión en honor a Atenea, sin que apenas resalten, semiocultos por las columnas exteriores, sin pretender hacer sombra a los dioses. Tampoco podemos percibir que, por encima de ellos, en las metopas, aparecen los héroes, aquellos semidioses que libraron a la ciudad de la barbarie al derrotar a centauros, a gigantes, a amazonas y a persas. Ni nos daremos cuenta de que los frontones están reservados a los dioses, ya que ése es el espacio que se encuentra en la parte superior del templo, el más cercano al cielo. Todo el Partenón es una celebración de la victoria sobre los persas y una exaltación de la democracia, un sistema de convivencia en el que, tal como Pericles proclama, “la igualdad, conforme a nuestras leyes, alcanza a todos los ciudadanos” Solo el Museo de la Acrópolis está concebido para que todo el mundo pueda advertir la disposición en niveles del conjunto escultórico del Partenón y el mensaje que sus grandes creadores quisieron difundir.

En esta nueva edición de “Grecia nos habla” hemos visto la historia de este saqueo y los fundamentos jurídicos para la restitución de los mármoles de la Acrópolis a Atenas. Antonio Penadés.

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Entrevista a Luis Landero con Coloquio de invierno
Entrevista a Luis Landero que nos ha presentado su novela “Coloquio de invierno”: Luis Landero, uno de los mejores escritores en lengua castellana de la historia, después de presentarnos su anterior novela, La última función, ha vuelto a Pegando la Hebra para hacerlo con la última, Coloquio de invierno, en la que rinde homenaje a las novelas dialogadas clásicas, como el Decamerón, Los cuentos de Canterbury, el Heptamerón o Las mil y una noches, así como los “relatos enmarcados”, un conjunto de narraciones que se suceden o yuxtaponen en un entramado argumental que las unifica como hace Cervantes en “El Quijote”. En esta novela, la historia se inicia con un fuerte temporal de la tormenta de nieve, Filomena, que deja incomunicados, y sin cobertura para sus teléfonos móviles, a siete huéspedes y a los responsables de un hotel rural de montaña, en el que sí hay comida y bebida. Aislados del mundo y obligados a convivir, los personajes comienzan a contarse experiencias personales y relatos íntimos nunca antes confesados, de modo que la palabra y la conversación se convierten en el verdadero motor del relato. Saldrán anécdotas que ocuparán ritualmente cada sobremesa, y que no solo les permitirán conocerse entre sí, sino también debatir y aprender de las vidas de los otros. Luis Landero nos lleva a lo que él vivía de niño en Alburquerque, su pueblo natal, con su familia de cultura campesina marcada por el relato oral, las largas charlas, las historias compartidas al calor del fuego, sin tecnología. Su abuela Francisca era conocedora de una cantidad ingente de canciones, cuentos, refranes, chistes, adivinanzas, romances… Esta es la esencia del espíritu de este libro.

Landero. dice a través de Tomás, uno de los personajes, que es periodista: “yo creo que todos tenemos algo que contar, y que en el fondo todos tenemos alma de narradores. A todos nos gusta contar y que nos cuenten. ¿Por qué ponemos la radio o la televisión, o leemos o vamos al cine? Para que nos cuenten cosas, reales o inventadas, qué más da. Y si nos pasa algo, estamos deseando contarlo, y si juramos guardar un secreto, a menudo no podemos dejar de contárselo a alguien.” Y Nuria dice: “De eso se trataría aquí, de contar por contar, cada cual lo que sepa, o lo que le parezca. Y no solo historias (disculpad que barra para casa, porque yo soy profesora de Filosofía), también ideas y comentarios, lo que cada uno piense en su momento, porque del mismo modo que todos somos un poco narradores, también somos un poco filósofos (…) de un modo o de otro, solos o en compañía, no sabemos vivir sin contar lo vivido.”

Y hablamos con Landero de ese tiempo que conocimos cuando a gente salía en verano a cenar a la “fresca” en la calle y se charlaba, se conversaba, se cantaba y se contaban historias. “Y en invierno como lugares había pocos, se reunían y en torno al fuego o el brasero y se contaban como había ido la jornada, o las cosas que ocurrían en el pueblo. Esto ha sido el modo de entretenimiento de nuestros más remotos antepasados y así ha sido durante siglos y siglos hasta que apareció la televisión”. Ese era el legado, el tesoro de la cultura campesina, que era oral y no estaba escrita y cuya pérdida es la mayor catástrofe cultural del siglo XX. Para mí fue todo un privilegio recibirla por mi familia campesina y luego la transmisión, es decir la cultura, la alta cultura y la baja cultura y he intentado armonizarlas. Mezclar la tradición popular y la tradición culta, como hacía Cervantes, Galdós Rulfo … es cuando mejor y con más gracia resplandece el lenguaje.” Con el dominio magistral del relato oral de Landero, las historias que se cuentan estos desconocidos pronto se convierten en confesiones de sus peripecias vitales hechas al calor del momento, en narraciones de algunas experiencias que les han marcado de por vida y que se suceden y entrelazan con auténtica intriga y emoción.
Landero habla del oficio del novelista, de cómo va tejiendo los personajes y las historias; de la importancia de los nombres de los personajes: “yo me he de sentir cómodo con ese nombre y que ese nombre le corresponda el personaje”.

Y hablamos de los personajes y cuya condición profesional de cada uno marca su particular identidad y su decantación retórica: el profesor que le gusta seducir, y no ir más allá, porque lo que le gusta es el cortejo y como es profesor seduce a las alumnas y “ahí entramos en un terreno resbaladizo porque está utilizando su autoridad para para seducir, pero crea expectativas y él cree que no tiene mayor importancia hasta que aparece hasta que aparece el movimiento feminista y empieza a llenarse de miedos”; En El hombre que perdió un mechero y encontró un perro, hay una escena muy hermosa: un niño enciende le enciende un cigarrillo al padre con el mechero de este. Es un momento fundacional clave de la vida del niño; En Verano del 69. hay por ahí una experiencia autobiográfica: Un personaje se llama Leandro, anagrama de Landero, que es guitarrista flamenco como lo fue él. Es que el humor irónico de este gran escritor brilla en toda su obra. En Historia de un instante, unas palabras dichas por un borracho al oído del protagonista sugiriendo algo sobre su mujer, es uyn grieta que hace que el edificio de esa relación se derrumbe… Luis Landero ha escrito esta novela en estado de gracia, ha creado una espléndida colección de historias narradas por los personajes de esta novela durante cuatro días de aislamiento. El invierno, en este sentido, no es solo una circunstancia externa, sino un estado vital compartido. Los personajes hablan desde una cierta conciencia de final, de cierre.
Son un mosaico de historias que hacen de la fuerza creadora y evocadora de la palabra el motor de sus relatos y convierten este Coloquio de invierno en un bellísimo canto a la oralidad.

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Palabra de poeta con Luz Adiela Jaramillo
Luz Adiela Jaramillo, poeta e ingeniera metalúrgica en el espacio Palabra de poeta. “Escribir para mí es algo orgánico. no es un hobbie”: Luz Adiela Jaramillo nació en Aberrojal, Colombia, en un territorio donde la materia y la memoria parecen compartir un mismo pulso. Es ingeniera metalúrgica por la Universidad de Antioquia, y en esa formación —donde el acero se funde antes de nombrarse— ya se insinuaba una poética de la transformación. Más tarde, afinó su voz en el Máster en Escritura Creativa de la Universidad de Salamanca, donde su proyecto de grado, El punto ciego del retrovisor, obtuvo matrícula de honor; y continuó su búsqueda en el Máster en Poesía de la Escuela de Escritores de Madrid, como quien se interna en una lengua más honda que la propia lengua. Su primer libro de poemas de amor vio la luz en la Casa Museo Otraparte, un espacio donde la palabra y la memoria dialogan con la vida. Después vinieron El punto ciego del retrovisor (Vásquez Editores, Medellín, 2023) y Gravedad cero (Editorial Grámmata, Medellín, 2025), libros que trazan una órbita íntima entre la pérdida, el deseo y la contemplación. Forma parte del colectivo poético Isotopía, con el que publicó Marcas de agua en bordes de piedra (Editorial Grámmata, Medellín, 2025), una propuesta colectiva donde la poesía se abre como fisura y como puente: diálogo con el territorio, con el lenguaje, con aquello que apenas se deja ver. Su voz ha resonado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) en 2024 y 2025, así como en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín en 2025. En 2026, fue elegida mediante la Convocatoria de la Revista Prometeo para participar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, confirmando que su escritura ya habita un territorio compartido, donde lo íntimo se vuelve colectivo.

Sobre su obra se ha dicho, entre otras cosas: “La vida cotidiana también encuentra belleza en lo que pocos miran con ojos de poesía, ¿has visto líquido el acero hervir antes de llamarse viga, puente, hogar? En el calor fundamental nacen todas las cosas que pueden darte abrigo. Así un abrazo. Así un verso. Así la poesía de Luz Adiela Jaramillo en Gravedad cero, un poemario que es un viaje, porque los buenos libros tienen la cualidad de llevarte con ellos a provincias que apenas intuyes mientras los tienes contigo”, Juan Mosquera Restrepo; Estos poemas, repletos de una elegancia suave y poco común en lengua española, aúnan belleza, emotividad y reflexión a partes iguales ante la pérdida de lo amado, eso amado que, paradójicamente, siempre se encuentra dentro y fuera de nosotros, al mismo tiempo y en idéntico lugar”, Óscar Curieses; “Desde la sensibilidad confidencial, la voz de Luz Adiela, a ratitos elegiaca, nos habla de vulnerabilidad, de realidad descubierta, de secuencias discontinuas cosiendo una vida, de aspiraciones a algo mejor, de sombras y también de pérdidas. Sus descripciones múltiples nos llevan por espacios ambiguos surgidos de lo transitorio, espacios que en esa ambigüedad se hacen nuestros y nos relatan suavemente nuestra realidad sensible, la iluminan”, Luis Felipe Comendador.

El punto ciego del retrovisor, dividido en tres partes que siguen una secuencia natural del amor expresado desde lo interno, es también una declaración de origen. De él dice Luz Adiela Jaramillo: “Es una metáfora, porque a mí se me ocurrió que el punto ciego de la vida de cualquier persona es el amor en cualquiera de sus formas. Esta es una construcción de vida, yo fui la niña usurpadora del rincón de los poetas, porque en el pueblo que vivía era la única que tenía una biblioteca en la casa. La poesía es algo que ha estado muy presente en mi vida y creo que mi madre cuando me gestó apoyó su vientre sobre un libro y me transmitió de alguna forma su gusto por la lectura. Llegado un momento, me pregunté ¿en qué no le di gustó a esa niña que una vez fui?, y la respuesta fue que quería ser poeta, que quería escribir y escribo.” Y Luz Adiela Jaramillo Echeverri escribe sobre el amor porque: “es la fuerza que mueve el mundo y la poesía es la fuerza que lo impulsa. El amor está en las expresiones de la naturaleza, en las relaciones con los demás, en todo. Somos seres que más que en busca de la felicidad estamos en búsqueda constante del amor.” Para Luz Adiela Jaramillo la escritura no es un gesto ocasional, sino una forma de estar en el mundo: “Escribir para mí es algo orgánico. no es un hobbie”. Así, la pasión por la escritura ha acompañado a esta ingeniera metalúrgica desde la infancia: una niña que encontró en los libros un refugio y un destino. Hoy escribe cada día como quien respira, como quien resiste, como quien se salva. Y en ese gesto persistente, casi secreto, sostiene una certeza: que la poesía es, acaso, su única forma de redención.

Pegando la Hebra, dirige y presenta, María Vicenta Porcar, control de sonido, Juan Lafuente. 99.9 Valencia Radio, dial 99.9 FM Valencia (España) y www.la999.es. Podcast: en la web y App de la emisora, Ivoox, Spotify, Youtube, etc.