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Entrevista a Luis Landero que presenta su novela “Coloquio de invierno” en Pegando la Hebra Luis Landero
Una novela escrita en estado de gracia. Un bellísimo canto a la oralidad.
Luis Landero, uno de los mejores escritores en lengua castellana de la historia, después de presentarnos su anterior novela, La última función, ha vuelto a Pegando la Hebra para hacerlo con la última, Coloquio de invierno, en la que rinde homenaje a las novelas dialogadas clásicas, como el Decamerón, Los cuentos de Canterbury, el Heptamerón o Las mil y una noches, así como los “relatos enmarcados”, un conjunto de narraciones que se suceden o yuxtaponen en un entramado argumental que las unifica como hace Cervantes en “El Quijote”. En esta novela, la historia se inicia con un fuerte temporal de la tormenta de nieve, Filomena, que deja incomunicados, y sin cobertura para sus teléfonos móviles, a siete huéspedes y a los responsables de un hotel rural de montaña, en el que sí hay comida y bebida. Aislados del mundo y obligados a convivir, los personajes comienzan a contarse experiencias personales y relatos íntimos nunca antes confesados, de modo que la palabra y la conversación se convierten en el verdadero motor del relato. Saldrán anécdotas que ocuparán ritualmente cada sobremesa, y que no solo les permitirán conocerse entre sí, sino también debatir y aprender de las vidas de los otros. Luis Landero nos lleva a lo que él vivía de niño en Alburquerque, su pueblo natal, con su familia de cultura campesina marcada por el relato oral, las largas charlas, las historias compartidas al calor del fuego, sin tecnología. Su abuela Francisca era conocedora de una cantidad ingente de canciones, cuentos, refranes, chistes, adivinanzas, romances… Esta es la esencia del espíritu de este libro.

Landero. dice a través de Tomás, uno de los personajes, que es periodista: “yo creo que todos tenemos algo que contar, y que en el fondo todos tenemos alma de narradores. A todos nos gusta contar y que nos cuenten. ¿Por qué ponemos la radio o la televisión, o leemos o vamos al cine? Para que nos cuenten cosas, reales o inventadas, qué más da. Y si nos pasa algo, estamos deseando contarlo, y si juramos guardar un secreto, a menudo no podemos dejar de contárselo a alguien.” Y Nuria dice: “De eso se trataría aquí, de contar por contar, cada cual lo que sepa, o lo que le parezca. Y no solo historias (disculpad que barra para casa, porque yo soy profesora de Filosofía), también ideas y comentarios, lo que cada uno piense en su momento, porque del mismo modo que todos somos un poco narradores, también somos un poco filósofos (…) de un modo o de otro, solos o en compañía, no sabemos vivir sin contar lo vivido.”

Y hablamos con Landero de ese tiempo que conocimos cuando a gente salía en verano a cenar a la “fresca” en la calle y se charlaba, se conversaba, se cantaba y se contaban historias. “Y en invierno como lugares había pocos, se reunían y en torno al fuego o el brasero y se contaban como había ido la jornada, o las cosas que ocurrían en el pueblo. Esto ha sido el modo de entretenimiento de nuestros más remotos antepasados y así ha sido durante siglos y siglos hasta que apareció la televisión”. Ese era el legado, el tesoro de la cultura campesina, que era oral y no estaba escrita y cuya pérdida es la mayor catástrofe cultural del siglo XX. Para mí fue todo un privilegio recibirla por mi familia campesina y luego la transmisión, es decir la cultura, la alta cultura y la baja cultura y he intentado armonizarlas. Mezclar la tradición popular y la tradición culta, como hacía Cervantes, Galdós Rulfo … es cuando mejor y con más gracia resplandece el lenguaje.” Con el dominio magistral del relato oral de Landero, las historias que se cuentan estos desconocidos pronto se convierten en confesiones de sus peripecias vitales hechas al calor del momento, en narraciones de algunas experiencias que les han marcado de por vida y que se suceden y entrelazan con auténtica intriga y emoción.
Landero habla del oficio del novelista, de cómo va tejiendo los personajes y las historias; de la importancia de los nombres de los personajes: “yo me he de sentir cómodo con ese nombre y que ese nombre le corresponda el personaje”.

Y hablamos de los personajes y cuya condición profesional de cada uno marca su particular identidad y su decantación retórica: el profesor que le gusta seducir, y no ir más allá, porque lo que le gusta es el cortejo y como es profesor seduce a las alumnas y “ahí entramos en un terreno resbaladizo porque está utilizando su autoridad para para seducir, pero crea expectativas y él cree que no tiene mayor importancia hasta que aparece hasta que aparece el movimiento feminista y empieza a llenarse de miedos”; En El hombre que perdió un mechero y encontró un perro, hay una escena muy hermosa: un niño enciende le enciende un cigarrillo al padre con el mechero de este. Es un momento fundacional clave de la vida del niño; En Verano del 69. hay por ahí una experiencia autobiográfica: Un personaje se llama Leandro, anagrama de Landero, que es guitarrista flamenco como lo fue él. Es que el humor irónico de este gran escritor brilla en toda su obra. En Historia de un instante, unas palabras dichas por un borracho al oído del protagonista sugiriendo algo sobre su mujer, es una grieta que hace que el edificio de esa relación se derrumbe… Luis Landero ha escrito esta novela en estado de gracia, ha creado una espléndida colección de historias narradas por los personajes de esta novela durante cuatro días de aislamiento. El invierno, en este sentido, no es solo una circunstancia externa, sino un estado vital compartido. Los personajes hablan desde una cierta conciencia de final, de cierre.

Son un mosaico de historias que hacen de la fuerza creadora y evocadora de la palabra el motor de sus relatos y convierten este Coloquio de invierno en un bellísimo canto a la oralidad.

Pegando la Hebra, dirige y presenta, María Vicenta Porcar, control de sonido, Juan Lafuente. 99.9 Valencia Radio, dial 99.9 FM Valencia (España) y www.la999.es. Podcast: en la web y App de la emisora, Ivoox, Spotify, Youtube, etc.